Como hacer ante una PLAGA DE HORMIGAS

Como hacer ante una PLAGA DE HORMIGAS

La presencia de las hormigas no puede ser tolerada en el jardín porque dañan las plantas directa e indirectamente. Las enormes canti­dades de individuos que forman una colonia necesitan una buena can­tidad de alimentos, y tanto los ani­males como las plantas sirven para este, propósito: orugas, moscas, gu­sanos, escarabajos, caen constante­mente, víctimas de su voracidad; en los vegetales, las hojas y las frutas de Jugos dulces son también ataca­das por ellas.

Las hormigas, muy afectas a los dulces, atienden los áfidos popular­mente llamados vacas de las hor­migas, que son uno de los muchos tipos de parásitos de las plantas. Estos parásitos producen un líquido llamado rocío de miel, muy estima­do por las hormigas. Por ejemplo, algunas hormigas de jardín, perte­necientes a la familia denominada Lasius, se mantiene casi exclusiva­mente de este producto. La hormiga se acerca a, uno de estos parásitos, le toca el cuerpo con las antenas, y se produce la exudación de una gota dorada, que el insecto absorbe. Otras hormigas prefieren los pará­sitos que viven directamente sobre las raíces de las plantas; suelen conservarlos en los hormigueros, donde los cuidan y alimentan.

También guardan los huevos de invierno de estos áfidos, cuidándolos durante el tiempo frío; al llegar la primavera los transportan al exte­rior y los colocan sobre las plantas frescas, que están brotando recién. Los huevos empollan, y nuevas co­lonias de parásitos son rápidamen­te desarrolladas por propagación.

Las hormigas protegen a los áfi­dos de sus enemigos naturales, y les sirven de vehículo, transportán­doles de planta en planta, agregan a las molestias que les son inheren­tes esta otra, de propagar las pla­gas de los vegetales.

No debe permitírseles preparar sus hormigueros cerca de una se­mentera, pues, cortarán los tallos tiernos- apenas asomen sobre la tie­rra, segándolos a ras, y matando las plantas.

En los prados- o en los canteros levantan sus colonias que constitu­yen un verdadero peligro; y en la casa, son una molestia tan grande como cualquiera otra plaga domés­tica.

No debe omitirse método para li­brarse de ellas; algunas veces, un cisterna de destrucción resulta muy efectivo, y otras veces hay que en­sayar varios. Aún cuando nos pres­ten un servicio destruyendo oru­gas e insectos, el daño que causan plagando las plantas con áfidos y en otras formas diversas, es muy superior a cualquier bien que pue­dan hacer.

La única forma de deshacerse de ellas es destruir su nido y todas las hembras de la colonia; uno de los métodos utilizados para esto es ele­gir un producto químico que puede penetrar en todos los pasajes y cá­maras interiores del hormiguero. El bisulfito de carbono puede ser una de estas substancias; es un liquido que se vaporiza rápidamen­te, dando lugar a la formación de un gas mucho más pesado que el aire, que se desliza por el interior del hormiguero, entrando por túne­les y galerías, donde envenena a las hormigas. Debe tenerse mucho cuidado' al manipularlo, pues se in­flama con facilidad y es muy com­bustible. Alrededor del nido se ha­cen unos cuantos agujeros con un palo; estos agujeros deben tener unos 30 cm. de profundidad, y en cada uno de ellos se inyectan unos 30 grs. del líquido. Todo el hormi­guero se cubre con un trapo húme­do, y se lo deja durante unas cuatro horas. El gas no perjudica el césped ni las plantas.

 

También se emplea con el mismo fin otro gas fácilmente generado, el sulfito de hidrógeno; su acción es similar a la del bisulfito de car­bono, pero no es tan inflamable; por otra parte su olor, bastante pa­recido al del primer líquido, denun­cia rápidamente su presencia, lo que es conveniente para el caso de que no se la desee; el olor desagradable la indica de inmediato.

El generador de gas es simple y de construcción facilísima: los productos químicos utilizados no son caros, y una sola carga basta­rá para trabajar varias horas.

El generador de sulfito de hidró­geno es un recipiente de vidrio, al­to, preferentemente de forma cilíndrica, tapado con un corcho atravesado por tres orificios, o me­jor todavía, con un tapón de go­ma también perforado en la misma forma. En uno de los agujeros se pone un tubo de vidrio acodado en ángulo recto, y de unos cuantos centímetros de largo; por éste sale el gas, que se conduce al lugar de­seado por medio de un tubo de go­ma; por el segundo agujero pasa un tubo, también de vidrio, y largo, qué por su extremo inferior llega hasta el fondo del vaso y por el superior se destaca sobre el tapón de tres a cinco cm.; el extremo abierto de este tubo pasa por otro tapón de goma, con un orificio único, en el que se coloca un reci­piente pequeño, o un tubo de ensa­yo; la unión de estas partes debe ser hermética, para que no haya pérdida alguna de gas.

En cuanto al tercer agujero, es­tá destinado a una varilla de vidrio, cuyo extremo inferior se encorva en forma de gancho, suspendiéndose de él un canastillo de vidrio, o simplemente, un frasquito pequeño, con el fondo perforado. La suspensión, se hace por medio de un alambre o una banda de plomo; la varilla es de altura variable, de modo que el canastillo pueda acercarse o ale­jarse del fondo del recipiente, se­gún sea necesario.

Para poner en uso el generador, se colocan unos cuantos terrones de sulfito de hierro en el canastillo de vidrio, que se levanta casi hasta la altura del tapón; el frasco gran­de se llena hasta un tercio de su altura con una solución formada por una parte de ácido clorhídrico, o bien con una dilución formada por una parte de ácido sulfúrico en cinco partes de agua. Se vuelve a colocar el tapón, y el cestillo se ba­ja. El tubo de goma se introduce en el orificio de entrada del hormi­guero, después de haber obturado todos los demás agujeros que se ha­yan podido encontrar.

El gas se genera sumergiendo el cestillo de vidrio conteniendo el sulfito de hierro dentro de la solu­ción acida; en pocos minutos una espesa corriente de gas entrará en el hormiguero, saturándolo.

Si el nido está construido en un terreno arcilloso, las hormigas pue­den ser destruidas ahogándolas; pa­ra esto se prepara alrededor de colonia, un reborde de ocho o diez cm. de alto, y se lo llena de agua; con una azada se cava y revuelve todo el nido, destruyendo sus túne­les y cavidades y usando cuanta agua sea necesaria. Es conveniente repetir esta operación, porque las hormigas que han estado fuera de su cueva volverán a ella e intenta­rán reconstruirla.

Otro método para destruir estos insectos es un cebo envenenado, fá­cil de conseguir en el comercio, o que se puede preparar mezclando miel o jarabe con levadura o con carbonato de amonio; la levadura fermenta en el interior del cuerpo de las hormigas, y les es mortal.

Cuando las hormigas se han in­troducido en la casa, son más difí­ciles de exterminar, y entonces es cuando hay que recurrir a los ve­nenos o cebos. Una esponja llena de miel o dulce es muy eficaz; cuan­do está llena de hormigas se la de­ja caer en un tacho conteniendo agua hirviendo, para que mueran las que están dentro y fuera de la esponja.

Cuando se descubre un camino de hormigas, este debe ser llenado con kerosene. Unos tapones de algodón empapados en kerosene, y metidos dentro de las bocas del hormiguero, son también eficaces para matarlas y obturar las salidas de sus cuevas.