Como hacer – La era del AIRE

Por el Coronel Edward S. Evans

Traducido de “Popular Mechanics” por Ulises Torres

Quien podría haber imaginado, en 1928, cuando una docena de hombres jóvenes efectuaba los primeros experimentos con planeadores en la Universidad de Michigan, que esa tosca nave aérea usada entonces, era el precursor de lo que, con el correr del tiempo llegaría a convertirse en uno de los más grandes medios de transporte del mundo.

Esos miembros del primer club de planeadores de América, que ss formó bajo mi directa responsabilidad, gustaron de las delicias de verse transportados al espacio por medio de una cuerda de goma, y planear apaciblemente hacia el suelo a varios cientos de metros d» distancia. Algunos de esos mismos hombres siguen actualmente piloteando deslizadores, hermosas naves conocidas con el nombre de aeroplanos – veleros que han establecido nuevos e increíbles “records” de distancia, altura y permanencia en vuelo.

Si volvemos la vista al futuro, veremos el mismo principio aplicado a aeroplanos de carga sin motor, remolcados por aviones-tractores o remolcadores, transportando enormes cargas de mercancías o llevando a destino pasajeros en la forma más suave y agradable que el hombre haya conocido; sí, contemplaremos naves que transportarán veinte o más toneladas de cargan mentó, y más de 100 pasajeros, sin vibraciones de motores, sin ruidos, con una envergadura y velocidad que asegurarán un suave crucero. Quien emplee estas facilidades, podrá descansar confortablemente por la noche y llegar a destino tan tranquilo como si se hubiera acostado en su propia cama.

La carga conducida de este modo podría ser entregada en cantidad a razón de 200 millas por hora, y a un costo comprendido en la categoría de embarques económicos; en otros términos, a una tarifa que oscila entre dos y tres centavos por tonelada-milla. De acuerdo con las mejores informaciones que se obtienen actualmente, dicho precio es menor que el flete camionero o de vagón de carga, y una fracción más barato que el de los expresos ferroviarios.

Cargamentos de naranjas, uvas y otras frutas perecederas podrían ser embarcados a punto de sazón en California — algo sin precedentes en la actualidad — a fin de entregarlos en Nueva York a tiempo para ser servidas en el desayuno de la mañana siguiente.

Unas pocas cifras básicas darán tina idea bastante exacta de las ventajas de este moderno, medio de transporte sobre cualquier otro medio creado con anterioridad.

El tren común de vagones cargados lleva un peso neto de 2.000 toneladas a razón de 25 millas por hora. Siete trenes planeadores podrían entregar el mismo volumen en un ‘décimo de tiempo, o, expresado de otra manera, siete trenes planeadores podrían entregar diez veces la misma cantidad de carga que el tren ferroviario en igual lapso, y en condiciones físicas superiores, ya que el cargamento no se vería sometido a los barquinazos de los cambios de vías y de los enganches.

la era del aire

la era del aire

El ejército, que transporta mercancías desde el norte de la India hasta la China por vía aérea, necesita 35 aeroplanos para deslizar el trabajo que antes se efectuaba por la carretera da Birmania con 7.700 camiones, de los cuales 4.500 estaban en servicio constante y el resto permanecía temporariamente fuera de servicio o en los talleres de reparaciones. Los camiones entregaban alrededor de 30.000 toneladas por mes. Ese reducido número de aeroplanos de transporte puede llevar a destino el mismo peso con menor porcentaje de trabajo humano malgastado.

No nos referimos a los trenes planeadores, sino tan sólo a los aviones de transporte. Si los primeros hubieran entrado en servicio, esa misma carga podría haber sido entregada con sólo ocho trenes planeadores en lugar de los 7.700 camiones empleados en la ruta de Birmania. Los aviones de transporte que se usan en la China pueden llevar una carga efectiva de 9 toneladas y media. Si arrastraran tres planeadores, cada uno de éstos podría conducir 18 toneladas. La velocidad tendría forzosamente que disminuir, pero nunca en la proporción del aumento de la carga neta.

El ejército ha llegado a la conclusión de que los tres planeadores dispuestos en formación de V. invertida constituyen el número ideal de aparatos que pueden ser remolcados.

He descubierto que la cuestión que invariablemente domina una situación es la ley de la economía. Por consiguiente, puedo asegurar que la economía obligará en última instancia a usar aeroplanos y planeadores en el transporte de carga y pasajeros hasta un límite en que la mayoría de nuestros viajeros y por lo menos el 60 por ciento del cargamento de alta calidad viajarán por vía aérea.

Para la conducción de mercaderías, el planeador tiene ciertas ventajas sobre el aeroplano de carga. Como carece de motores y hélices en el borde delantero de sus alas, puede ser moldeado a semejanza de modo que la resistencia de su nariz sea equivalente a un tercio de la de un aeroplano. Al no llevar motor, se ve privado de toda la conmoción que le es inherente, y puede lograrse una construcción más liviana. Pero con su envergadura y con carga pesada en las alas, el planeador puede trasladar un peso bruto igual al de un aeroplano de transporte, lo cual sería equivalente a más o menos dos veces la carga neta que el avión de transporte puede llevar. En otras palabras, el peso que normalmente agregan el combustible; los motores y los más resistentes contrafuertes, podría ser reemplazado por carga neta en el planeador.

El actual flete ferroviario común cuesta algo menos de un centavo por tonelada-milla. Esa tarifa se aplica al carbón, mineral en bruto, granos, arena, casquijo, piedra y otras mercaderías voluminosas. Según mi modo de ver, no creo que el flete aéreo logre alguna vez competir en este renglón especial. Su función queda limitada a la carga de alta calidad.

Seríamos remisos si limitáramos nuestro pensamiento a la parte norte del continente americano. Una vez en el aire, los grandes aviones y planeadores pueden cruzar los océanos en pocas horas. La carga que actualmente demora de 10 a 14 días en ser entregada por los buques mercantes, podrá ser llevada sin riesgos a destino en igual número de horas En realidad, el mundo se ha encogido hasta un límite en que podemos considerar al isleño de Fijí como al vecino más cercano a nosotros. Entonces estaremos en condiciones de pasar nuestras vacaciones en las islas de los Mares del Sur con mucha más comodidad de la que disfrutábamos en la Riviera.

Aeroplanos y planeadores serán construidos con una envergadura de 90 metros; se pondrán en práctica métodos que ofrecerán mayor seguridad que en cualquier otro medio de transporte actual; la velocidad aumentará a 500 millas por hora; la sub-estratósfera se convertirá en una “carretera” aérea; las naves llevarán el aire interior a presión acondicionada para comodidad de los pasajeros. Las generaciones del futuro contemplarán nuestros actuales medios de transporte con igual sorpresa con que nosotros miramos la carreta de bueyes con ruedas de gran diámetro.

Una interesante evolución que traerá aparejada los modernos sistemas de transporte será el traslado o la internación de los centros portuarios. Si estudiamos un mapa del Ártico, veremos que las ciudades del medio oeste están más cerca de Europa y de Asia que las situadas en nuestra propia costa. Educados en la visualización de las proyecciones convencionales usadas por los cartógrafos, nos hemos acostumbrado a calcular erróneamente las direcciones y las distancias entre las grandes urbes del mundo. Toda proyección sobre una superficie plana sólo da una idea aproximada de la superficie esférica de la Tierra. Cuando tomamos el globo y efectuamos mediciones sobre los meridianos, llegamos a la conclusión de que debemos volar por sobre el Océano Ártico, en lugar de hacerlo por sobre el Atlántico. El Ártico hace las veces de mar Mediterráneo entre el hemisferio oriental y el occidental. Chicago, Detroit, Cleveland, Cincinnati y otras ciudades del oeste, van a resurgir por sí mismas como, grandes centros de embarques, y puedo prever el día en que América tendrá un gran puerto en Alaska que reemplazará en importancia a nuestros actuales grandes centros navieros. Allí podría levantarse la Nueva York del Futuro.

Vamos a entrar en una edad en que los viajes oceánicos como los conocemos actualmente, van a desaparecer. No habrá más Leviatanes, Queen Marys o Normandíes; los buques mercantes serán usados en la misma forma que los actuales navíos mercantes, para llevar cargamentos lentos, baratos y voluminosos. Toda la carga dentro de la categoría de tarifas elevadas irá por avión.

Existe una tendencia humana a decir: “No se puede hacer”. Deseo echar una mirada retrospectiva a un discurso que pronuncié hace catorce años ante la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, en el cual manifesté: “Creo que vamos a ver grandes transportes aéreos, tal vez con una velocidad de 90 millas por hora con una capacidad de carga de 50 a 100 toneladas, que serán destinados al transporte de mercaderías”. Esas profecías se han convertido en algo más que en una realidad. Las afirmaciones que hago actualmente son aún más prácticas que las profecías anunciadas en 192 9, ya que nuestra experiencia y el desarrollo de la industria aeronáutica, de los motores y diseños de planeadores, han hecho tales progresos que dichos pronósticos son casi evidentes. Esos aeroplanos consumirán combustible de bajo costo y transportarán carga a un precio lo suficientemente acomodado como para que todos los comerciantes del país se valgan de ellos, porque una de las más grandes pérdidas del comercio actual es la teneduría de inventarios.

Sólo ayer, la construcción de hidroplanos en los astilleros dio lugar a reñidas controversias. Dentro de un año los transportes aéreos empezarán a salir de los astilleros en tales cantidades que confundirán a las “autoridades” que se oponían a esa idea.

Como ex-presidente de la Lockheed Aircraft Company, constructores de aeroplanos de madera terciada que resultaron los más eficientes de aquella época, me respaldo en la autoridad derivada de la experiencia cuando afirmo que los grandes aeroplanos del futuro serán construidos de madera en vez de metal, debido a los descubrimientos en materia de colas resinosas, y a los tremendos progresos en madera terciada y el arte de moldearla. La madera tiene muchas ventajas sobre el metal. Es más rígida, más resistente, más liviana y más barata que el metal. Puede ser moldeada de modo que ofrezca una superficie perfecta en contraposición al metal remachado, en el cual cada cabeza de remache agrega una resistencia inútil al flujo del aire. Por consiguiente, la madera va a cumplir un papel preponderante en la manufactura de aeroplanos del futuro; y la experiencia técnica que acumularemos en los E.E. U.U., debido a la construcción de aeroplanos y planeadores de madera para el ejército, nos dará el conocimiento inicial sobre el cual levantaremos una gran industria.

Estamos en una nueva edad: la Edad del Aire. Ello significará cambios radicales en la industria, la disminución de la fabricación de automóviles y camiones, el reajuste de los ferrocarriles para hacer frente a la situación y a la vasta nueva industria de la manufactura de aeroplanos, planeadores y helicópteros. Los ferrocarriles transportarán las cargas pesadas y voluminosas como el carbón, mineral en bruto, granos, etc. y parte de la carga lenta. Los camiones desplazarán pequeños cargamentos a cortas distancias. El aire se hará cargo del resto. Las carreteras de concreto perderán parte de su importancia, y nuevas calzadas de aterrizaje adosadas a las rutas pavimentadas ya existentes entrarán en constante actividad. Los aeródromos se multiplicarán en un mil por ciento. La mayor parte de ellos se destinará al transporte de carga, y probablemente el 25 por ciento a aeroplano de pasajeros, aviones particulares y helicópteros.

La evolución del transporte privado será de no menos importancia que la de las líneas del transporte público. Un reciente progreso en materia de helicópteros aporta al mundo un nuevo medio de locomoción que es seguro, rápido y económico. Espero ver el día en que miles de esas pequeñas máquinas serán usadas por todos los ciudadanos en reemplazo de sus actuales automóviles.

El helicóptero puede aterrizar, levantar vuelo, o “revolotear” en el aire sobre cualquier lugar, tanto tiempo como lo permita el combustible de la nave. Viajaría a una velocidad de 100 a 150 millas por hora y probablemente sería perfeccionado hasta el punto de que podría ser usado con comodidad por toda la familia, como lo es el automóvil de hoy. El progreso hasta la fecha se ha limitado a los tipos livianos, ya que el más pesado es el helicóptero de dos pasajeros. Estas máquinas se venderán tan barato que corresponderán a la categoría de automóviles de precio más elevado. No requerirán campos de aterrizaje, ya que los espacios, del fondo de la casa, las zonas de estacionamiento, o las calles de poco tránsito en ciertos momentos, reemplazarán cómodamente a aquéllos.

Si se llevan a cabo los actuales preparativos para la construcción de casas fuertes, cómodas y desmontables, tal vez vivamos el día en que los movimientos de población serán tan simples como plegar la propia casa, cargarla en el aeroplano, descargarla pocas horas más tarde en el nuevo terreno, y levantarla otra vez momentos después del arribo. Ya nunca más nos veremos esclavos de los ladrillos, la argamasa, de los costos y dificultades de los transportes actuales.

Los millones de pilotos y mecánicos preparados durante la guerra, darán al vuelo, el planeo y la remontación en helicóptero el mismo impulso que la guerra pasada dio a la industria automotriz.

Cuando entramos en la actual Edad Mecánica pensamos que nada podría sobreasar las oportunidades que nos ofreció en aquella época. Las oportunidades de los albores del año 20 quedan reducidas a nada si se las compara con las que vendrán durante la Era del Aire.

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