Como hacer una correcta COLOCACIÓN DE CERRADURAS

Como hacer una correcta COLOCACIÓN DE CERRADURAS

Existen muchas clases de cerraduras hechas para fines especiales, pero en lo que se refiere a la forma de colocarlas, puede dividírselas en dos grupos: aquellas que simplemente se atornillan, y las que van embutidas en la madera. Evidentemente, la colocación de las que pertenecen al primer grupo es mucho más sencilla, pues casi siempre basta un destornillador, pero el aspecto que presentan no es tan agradable, y en realidad, excepto en circunstancias especiales, se emplea invariablemente el segundo tipo.
Como un ejemplo práctico del trabajo que implica la colocación de una cerradura embutida puede tomarse la de un cofre, porque salvo pequeñas variantes, el procedimiento es el misino en todos los casos.

EL OJO PARA LA LLAVE

El ojo para la llave debe hallar-se en la parte media del frente del cajón, midiendo de lado a lado y a causa de esto el lector podría suponer que él quedaría en posición correcta si la cerradura estuviese también en el centro, pero el ojo para la llave en la cerradura propiamente dicha, raras veces se encuentra en el centro, de ella. Por consiguiente, si la cerradura se colocara exactamente en la parte media del cajón, lo más probable es que el agujero quedara descentrado, cosa que actuaría en desmedro del aspecto de aquél. Por lo que dejamos expuesto, se comprenderá fácilmente que es necesario en primer lugar marear el punto donde ha de abrirse el ojo para la llave, y que todas las otras medidas quedarán determina-das por él.
El primer paso consiste, entonces, en marcar el centro del frente y tirar una línea vertical desde el borde superior, como ilustra la figura 1. El ojo de la llave deberá hallarse en algún punto de esa línea. Ahora, desde que la cerradura va embutida, es evidente que la distancia desde el vástago en el que se inserta la llave hasta el borde de la cerradura debe ser igual a la que hay desde el borde superior de la tabla del frente hasta el centro del orificio que en ella ha de abrir-se para el paso de la parte cilíndrica de la llave, como se ilustra en la figura 1, donde la distancia A, en la cerradura debe ser igual a A en la madera. En consecuencia, se ajusta un gramil sobre el vástago de la cerradura, como se ilustra en la misma figura, y con esa herramienta se hace un trazo horizontal en la madera hasta formar una intersección con la línea horizontal hecha anteriormente. Con esto que-da determinada la posición del orificio que ha de dejar paso a la parte cilíndrica de la llave. La medida de la mecha a emplear para abrir ese orificio, varía según se vaya a colocar un escudo o no, y en el primer caso, según sea la clase de escudo a colocar.

 

EL ESCUDO

Un escudo le da al ojo de la llave un acabado más perfecto, y por otra parte, siendo de metal, evita que el orificio aumente de tamaño o causa del continuo entrar y salir de la llave. Existen dos clases de escudos: los que pertenecen a la primera van simplemente atornillados sobre la madera, y los otros van embutidos en el agujero. En cualquier caso, este último debe ser lo suficiente amplio como para permitir el paso de la llave. Para los escudos que se atornillan, el diámetro del ojo de la llave no varía, pero en los otros es necesario considerar las dimensiones externas, pues ellas deben ir embutidos en la madera. Para hacer el agujero elíjase una mecha de diámetro algo menor que el determinado por las medidas externas del escudo, a fin de obtener una correcta adaptación. En la figura 2 se ilustra la perforación de la madera, y el gramil que se ve a un lado indica cómo se procede para encontrar la posición del orificio.
Ahora es necesario cortar la par-te inferior del ojo de la llave, y para obtener sus dimensiones exactas, se coloca el escudo en posición sobre el agujero circular y se golpea para que deje una ligera marca en la madera. La figura 3 indica cómo debe usarse la sierra de mango para cortar a través de la fibra. Por regla general, sólo hay que emplear el extremo angosto de esa herramienta. y para evitar que la hoja se doble mientras se trabaja, conviene que únicamente una pequeña parte de ella se proyecte fuera del mango. El trozo de madera que queda después de terminar el trabajo con la sierra, se saca con un formón pequeño. A continuación se coloca el escudo sobre el agujero terminado y se golpea con el martillo. Cuando se halla próximo a su posición definitiva se cubre con un trozo de madera y sobre éste se continúa golpeando con el martillo. De este modo se evita la posibilidad de deteriorar el frente del mueble.

EL REBAJO PARA LA CERRADURA

Este trabajo es necesario efectuarlo en dos partes. En primer lugar se hace el rebajo para el cuerpo de la cerradura, y luego el de la placa externa. El tratar de hacer

los dos al mismo tiempo, sólo conduce a innecesarias complicaciones.
Para marcar la posición del rebajo, se traza una línea a escuadra, sobre el borde superior de la madera, y el vástago de la cerradura se coloca exactamente a nivel de ella. Luego, con un lápiz se trazan líneas que marquen el límite del cuerpo de la cerradura a ambos lados de la línea central, como se ilustra claramente en la figura 4. Estas líneas se continúan luego por la cara interna de la tabla.
Para determinar su longitud a partir del borde de la tabla, se utiliza un gramil, ajustado de manera que quede incluido el espesor de la placa superior de la cerradura. Lo que aquí queremos decir, está claramente indicado en C de la figura 1. También debe marcarse la longitud que deben tener esas líneas en el espesor de la madera, como se ilustra en B de la figura 1, y para esto se emplea igualmente el gramil.
Los lados del rebajo se cortan con una sierra hasta donde sea posible, y además es conveniente hacer cierto número de cortes extra, como se indica en la figura 5; ellos sirven para evitar accidentes más tarde, cuando sea necesario emplear el formón, pues en esta forma, si la madera se levantara, no podría hacerlo más allá del corte de sierra más próximo.
Como fácilmente se comprenderá, estos cortes de sierra no pueden abarcar el espesor del rebajo en toda su extensión, y por consiguiente, el resto del corte debe hacerse con ayuda del formón, el cual habrá de emplearse también para sacar la madera, como se ilustra en la figura 5. Cuando el cofre es grande, no se tropieza con grandes obstáculos en esta operación, pero ella se torna comparativamente difícil cuando se trata de muebles pequeños, pues el formón puede resultar en esos casos demasiado grande. Es por este motivo que los profesionales acostumbran a conservar un formón viejo que se haya gastado casi totalmente, y al cual le cortan el mango. De ese modo, la longitud de la herramienta queda considerablemente reducida, y hay espacio para golpear su extremo con el mazo.
Terminada la operación que acabamos de describir, se puede colocar la cerradura en posición, marcando los costados de la placa posterior con un cuchillo o un formón, como se ilustra en la figura 6, siendo necesario advertir aquí que el límite inferior no puede ser determinado de este modo, puesto que la placa superior de la cerradura no ha sido embutida aún. Un gramil ajustado para la distancia D de la…