IDEAS QUE VALEN FORTUNAS

IDEAS QUE VALEN FORTUNAS

Por Ward Maxson, C. €.

Pequeñas iniciativas que, salidas de talleres caseros, han resuelto pequeños o grandes problemas de orden general; este artículo indica la línea que debe seguirse para sacar buen partido de las ideas prácticas rentables en el taller.

Sí – dirá usted – , pero yo no soy más que un aficionado. Tengo mis hobbies y los satisfago, naturalmente, pero ¿cómo voy a hacer dinero con mi taller, transformando en productivo lo que es una fuente de gastos? Yo creo que todas las grandes ideas que pueden levantar fortunas, se realizan en los laboratorios de las grandes compañías.

Nada de eso tiene fundamento; voy a barrer esa idea, demostrando que hay millares de modos de poner en circulación las propias iniciativas, sacando partido de ellas.

Ante todo, ¿de dónde sale ese prejuicio de que las buenas idea® están enteramente en manos de las grandes corporaciones? Bastan algunos ejemplos para probar su inconsistencia. Tomemos el de Edison.

Edison representa, para el término medio de los hombres, todo lo que es gigantesco en organización e inventiva; en equipo de laboratorios, en conocimientos. Y sin embargo una pareja de jóvenes estudiantes le jugó una mala partida el mismo día que siguió a su muerte.

Durante 9 años, Edison había estado trabajando, tratando de conseguir un látex que le permitiera fabricar caucho, para independizar los países de clima templado de los de clima tropical, en lo que se refiriera a producción de este elemento, de primera necesidad en caso de guerra.

El material de información recogido por su personal durante aquellos nueve años de trabajo, alcanzaba un volumen de proporciones asombrosas. Ya en el crepúsculo de su vida, Edison cerró por fin e1 ciclo de sus experimentos sobre producción de caucho, y cansado, se acostó en el lecho del que nunca volvería a levantarse, anunciando que el estudio más difícil y prolongado de su carrera había culminado en un éxito. Habla descubierto el método de cultivo de una planta que hacía comercialmente posible la obtención de caucho en grandes cantidades; en zonas templadas.

Y el gran hombre exhaló un suspiro de alivio, cumplidos sus nueve años de labor, y vivida su larga vida.

Un día después, una compañía química internacionalmente famosa, compraba la patente de dos jóvenes estudiantes, y anunciaba tranquilamente la construcción de una gran usina para fabricar goma, teniendo cómo materias primas sal, agua y vaseline alumbrado.

El anuncio fue significativo por dos razones: no solamente prueba lo acertado del punto de vista que defiende al afirmar que la concepción de las ideas más productivas es posible en la imaginación sin trabas del trabajador del taller casero, quien, como no sabe qué es lo “que debe hacerse”, es exactamente el hombre que intentará y logrará hacer cosas nuevas; sino también, porque esas cosas nuevas, que pueden producir las mayores sumas de dinero son también las que tienen más sencillo origen. Lo que prueba que el mejor genio inventivo puede estar en cualquier parte donde encontremos un banco de trabajo.

Las Compañías y los trabajadores individuales

Mi punto de vista será comprendido especialmente por quien se ponga a pensar en los años y años que requiere para cualquier compañía, sin excepciones, poner en condiciones de producción las ideas que patrocina.

Tomemos, por ejemplo, el celofán; era un artículo conocido desde varios años atrás, y su manufactura era sencilla. Pero necesitó siete años de estudio en los laboratorios de una corporación, para producir un adherente que lo convirtiera en un material práctico.

En aquellos días cualquier pequeña idea que hubiera surgido en cualquier taller, y que hubiera merecido estudios más profundos, hubiera producido una linda suma. Por esto es que digo que las ideas salidas del taller casero pueden valer fortunas, y trato de combatir el prejuicio que interponen las grandes compañías en el camino de la comercialización de las sencillas ocurrencias salidas de un pequeño taller. Este prejuicio es una verdadera, barrera para el progreso, pues inhibiendo: al aficionado, impide la total contribución de su ingenio, o el menosprecio de pequeños; inventos ya realizados, que se abandonan en el círculo de la familia en lugar de buscar la forma de comercializarlos y hacerlos provechosos para el inventor y para la sociedad.

Generalmente, las fabricaciones que producen grandes beneficios se han originado en pequeñas ideas surgidas mientras el inventor estaba en su elemento soñando sobre el tablero de dibujo, o trabajando en el banco.

Tomemos el caso del hombre que pensó que la superficie de los sujetapapeles debía, ser áspera o dentada para sostenerlos mejor; su nombre es Clarence Collette, y vivé en Ámsterdam, pequeña ciudad del estado de Nueva York, en EE. UU. Aquella inspiración de taller le produjo una fortuna redonda.

Veamos también el caso de los caloríferos “Tropie-Aire”; para diseñarlos no se necesitaba ningún genio creador. Una persona de Minneapolis construyó uno y lo colocó en su coche; su vecino, un fabricante de automóviles, lo vio, corrió a asegurarse las patentes, y levantó una fábrica que produjo un beneficio de 40.000 dólares, ya durante el primer año de trabajo. La industria de la fabricación de estos caloríferos es, en la actualidad, una de las más productivas del Noroeste de Estados Unidos.

El fonógrafo de Edison fue una idea que se le ocurrió mientras observaba un manómetro. Dio los detalles a un asistente, Gottfried Mannheim, y se olvidó del asunto. Más adelante, Mannheim le llevó la maquina construida según su diseño; Edison habló ante ella, Mannheim tomó el registro de su voz y puso el disco en condiciones de trabajo. Cuando lo colocó en el fonógrafo y lo hizo girar, estuvo a punto de desmayarse; tal fue la excitación que le produjo el hecho de que su máquina hablara.

 

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En todos los órdenes que se consideren, existen productos que se fabrican en gran escala, y que han sido concebidos por aficionados, en sus talleres caseros.

El soporte para, hojas de afeitar, el broche dentado para papeles, el cortador de huevos, la tapa para botellas de leche, son todas ideas que se le hubieran podido ocurrir, a cualquiera, durante sus horas de descanso en el taller.

Existen otros medios de hacer producir al taller; hay quien se dedica a afilar herramientas para jardín (guadañas, tijeras de podar), y gana una buena suma por temporada; conozco un hombre que paga su cuenta de almacén renovando limas. Estos, no son más que pequeños ejemplos de lo que puede significar el ingenio inventivo, trabajando sobre temas sencillos que pueden ser, sin embargo, la gran oportunidad.

(The “The Mechanical Package Magazine”)

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Un comentario

  • alan alberto chavarria

    Es un articulo interesante e importante ya que demuestra como personas comunes y corrientes pueden aportar ideas geniales y de uso importante en nuestra sociedad con nucha mayor razon si se cuenta con el conocimiento necesario para desaroller esas ideas geniales, el dinero vendra por si mismo a quien logre impulsarlas. En muchas ocasiones quien las inventa no es quien logra ese dinero.

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